Problemas de autoestima y autocrítica

Casi nadie pide cita diciendo que tiene la autoestima baja. Se pide cuando has vuelto a decir que sí a algo que no querías y ya no aguantas el enfado contigo. Cuando llevas años esperando que en el trabajo descubran que no das la talla, por mucho que los resultados digan lo contrario. Cuando sales de una relación y te das cuenta de que te fuiste haciendo pequeño sin verlo venir.

La autocrítica no se presenta como un problema. Se presenta como sentido común: podrías haberlo hecho mejor, seguro que se ha notado, tampoco es para tanto lo que has conseguido. Como suena razonable, no la cuestionas. Y como no la cuestionas, se convierte en tu voz por defecto.

Cómo se manifiesta

Pides perdón por preguntar, por tardar en contestar, por ocupar espacio. Dices que sí y te enfadas después contigo. Repasas conversaciones buscando en qué momento quedaste mal. Restas importancia a lo que consigues: fue suerte, era fácil, cualquiera lo habría hecho. Necesitas que alguien confirme que lo has hecho bien para poder soltarlo. Te comparas de forma automática y sales siempre perdiendo. Aplazas decisiones por miedo a equivocarte. Y te tratas con una dureza que no se te ocurriría usar con nadie más.

Muchas personas no lo relacionan con la autoestima hasta que lo ven escrito. Lo llaman ser exigente, ser responsable, tener carácter.

De dónde viene

La autoestima se forma en las relaciones donde aprendiste qué hacía falta para recibir afecto o para que hubiera calma en casa. Cuando eso llegaba a cambio de sacar buenas notas, de no dar problemas o de sostener emocionalmente a un adulto, queda grabado que tu valor depende de tu rendimiento. Es una idea que se instala pronto y se cuestiona tarde.

Después llegan las relaciones adultas, que pueden reforzarla o erosionarla. Y llega un contexto que empuja en la misma dirección: la exigencia laboral, la comparación permanente con vidas ajenas contadas en su mejor versión, la idea de que si no estás mejorando, estás fallando.

Cómo lo trabajamos en Espai Equilibri

No con frases de refuerzo ni listas de virtudes. Repetirte que vales mucho no modifica una creencia que lleva treinta años funcionando.

Trabajamos sobre esa voz crítica: cuándo aparece, qué la activa, y hasta qué punto se sostiene sobre pruebas reales, que suelen ser mucho más débiles de lo que parecen. Y desarrollamos autocompasión, que no consiste en ser indulgente contigo, sino en poder mirarte con la misma justicia con la que miras a los demás.

Cuando detrás siguen doliendo recuerdos concretos — una humillación en el colegio, una relación que te fue apagando, un comentario que todavía escuchas — utilizamos EMDR, para trabajar sobre esa huella directamente en lugar de razonarla una y otra vez.

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