Problemas con los vínculos
Las dificultades en las relaciones son de los motivos de consulta más frecuentes y de los que menos se nombran como tal. Hay quien pide cita tras una ruptura que no acaba de entender. Hay quien lleva años cediendo y ha llegado a un punto en el que ya no sabe qué quería. Y hay quien viene porque no consigue estar cerca de nadie sin sentir que pierde algo por el camino.
Es terapia individual: no hace falta venir acompañado ni que la otra persona quiera participar.
Cómo se manifiesta
Repetir el mismo tipo de relación aunque la persona cambie. Necesitar señales constantes de que el otro sigue ahí. Agobiarse cuando alguien se acerca demasiado y echarlo de menos cuando se aleja. No saber decir que no y acabar en sitios donde no querías estar. Miedo a molestar, a pedir, a ocupar espacio en la vida del otro. Discusiones que escalan por cosas mínimas y terminan donde nadie buscaba. Relaciones familiares que siguen doliendo veinte años después. O aislarse, porque vincularse cansa demasiado.
Muchas de estas cosas se atribuyen al carácter — soy así, siempre he sido celosa, no se me da bien la gente — y por eso no se consultan.
De dónde vienen estos patrones
Todos aprendimos a vincularnos en algún sitio. La forma en que nos cuidaron, lo previsible que era el afecto en casa, lo que había que hacer para recibir atención: eso construyó un mapa que seguimos usando de adultos sin darnos cuenta.
El problema es que el mapa se hizo para un territorio que ya no existe. Lo que fue una buena estrategia con seis años — no molestar, anticiparse al humor de un adulto, portarse bien para que hubiera paz — se convierte en un obstáculo con treinta y cinco. Sigue funcionando en automático, y por eso las relaciones adultas acaban pareciéndose entre sí aunque las personas sean distintas.
Después están las relaciones que dejaron huella propia: una pareja que te fue apagando, una traición, una ruptura que no acabas de cerrar. Ahí también se aprende, y lo que se aprende suele ser a protegerse de todo el mundo por si acaso.
Cómo lo trabajamos en Espai Equilibri
Miramos qué se repite y qué lo sostiene. No para buscar culpables en tu historia, sino para que reconozcas el patrón mientras se está activando y tengas margen para hacer otra cosa. Cuando el origen está en experiencias antiguas que siguen pesando, trabajamos también con EMDR.
No buscamos que te vuelvas desconfiado ni que dejes de implicarte. Buscamos que puedas elegir con quién y hasta dónde, y que sostener un vínculo no te cueste desaparecer en él.
Sesiones
Sesiones individuales de 55 a 60 minutos, en Sant Cugat del Vallès o por videollamada.
Horario de lunes a viernes, mañana y tarde.
Si estáis los dos y queréis venir juntos, también hacemos terapia de pareja.
Escríbenos o llámanos y lo hablamos.
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